lunes, 6 de enero de 2014

Rimas - Gustavo Adolfo Bécquer

Rimas
Autor: Gustavo Adolfo Bécquer
Editorial: Catedra
Páginas: 107

Opinión (recuerdo que en reseñas de poesía solo muestro retazos):

Bueno, pues, sinceramente, si no sabéis quién es Bécquer no puedo tomaros en serio. Para mí, esta fue la primera poesía que leí y disfruté; y le tengo mucho cariño.

Mi opinión es muy subjetiva, pero la poesía en sí es algo subjetivo, así que simplemente debéis leerlo. No tenéis excusa.
Son unas rimas que nunca pasarán de moda, y sinceramente creo que todo el mundo debería haberlas leído al menos una vez en su vida.

Trozos:






Mi favorita es sin ninguna duda la IV:


No digáis que, agotado su tesoro, 
de asuntos falta, enmudeció la lira; 

podrá no haber poetas; pero siempre 
habrá poesía. 



Mientras las ondas de la luz al beso 
palpiten encendidas, 
mientras el sol las desgarradas nubes 
de fuego y oro vista, 
mientras el aire en su regazo lleve 
perfumes y armonías, 
mientras haya en el mundo primavera, 
¡habrá poesía! 



Mientras la ciencia a descubrir no alcance 
las fuentes de la vida, 
y en el mar o en el cielo haya un abismo 
que al cálculo resista, 
mientras la humanidad siempre avanzando 
no sepa a dó camina, 
mientras haya un misterio para el hombre, 
¡habrá poesía! 



Mientras se sienta que se ríe el alma, 
sin que los labios rían; 
mientras se llore, sin que el llanto acuda 
a nublar la pupila; 
mientras el corazón y la cabeza 
batallando prosigan, 
mientras haya esperanzas y recuerdos, 
¡habrá poesía! 



Mientras haya unos ojos que reflejen 
los ojos que los miran, 
mientras responda el labio suspirando 
al labio que suspira, 
mientras sentirse puedan en un beso 
dos almas confundidas, 
mientras exista una mujer hermosa, 
¡habrá poesía!



Y como posdata, la famosa rima de las golondrinas:

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
nadie así te amará.


Atenea

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